domingo, 4 de febrero de 2018

Nadie me va a creer. Visita al Museo Arqueológico. Ester Sánchez, 1º Bach.


        No encuentro una explicación lógica a mi fascinación por las esculturas romanas, siempre me han atraído.  Su blancura, o su catastrófica falta de extremidades y/o cabeza me llaman la atención. Por eso me quedo observando   la escultura ‘Afrodita agachada’  y me pregunto cómo debía de ser antes de su deterioro y con qué propósito fue esculpida.
-Es muy bonita- le digo a una compañera- ¿no crees?
        Seguimos recorriendo el museo arqueológico hasta bajar al teatro, nunca conseguí entenderlo, no entendía donde seguían las gradas ni donde se encontraba el escenario. Estábamos parados viendo un pequeño video dentro de este, cuando a mis pulmones les empezó a costar respirar, y hasta la vista se me estaba nublando. De repente sentí que mi cuerpo se caía y perdí totalmente la visión.
         Me desperté de una fuerte sacudida.
-Eh! Levanta- oí a alguien hablar-. Perdona, pero la función ha acabado y tenemos que desalojar-. La luz era tan cejadora que no conseguí ver bien su figura.
-No se preocupe, ya la saco yo, viene conmigo- oí que decía una voz femenina. Poco a poco me fui acostumbrando a la claridad y pude ver el final de  una toga blanca y dorada.
- Hola- subí la mirada con dificultad ya que aún me encontraba tumbada y pude vislumbrar una mano tendida que me ayudó a levantarme cuando la tomé.- Soy Afrodita- sonrió. Yú debes de ser Ester- la miré sorprendida-. Ya te he visto antes; no te preocupes-. La miré aun extrañada.
      Mire a mí alrededor y vi un gran teatro que se encontraba como nuevo, era impresionante. Espera- pensé- ¿Qué hacía yo en un teatro romano hablando con Afrodita?
-¿Qué hago yo aquí?- tuve el valor de preguntar.

-Tienes una suerte increíble.
Tu curiosidad y admiración han gustado a los dioses y te han dado la oportunidad de poder conocer cómo era la vida en nuestra época no solo viendo lo que ha quedado, sino experimentándolo por ti misma un día, y yo tengo la suerte de poder enseñarte y conocerte.-dijo la diosa.
       No puedo creer lo que estoy viviendo y le digo que me pellizque para ver si es real. Ella, riendo me da un leve puñetazo en el hombro y hace que me dé cuenta de que esto está pasando de verdad. Le digo sin dudar que me enseñe todo lo que pueda. Esta me lleva en un paseo por Corduba y me explica sus costumbres, su religión, su vida cotidiana…Me lleva al templo y por fin puedo verlo policromado y con todas sus columnas. Puedo ver el puente romano siendo cruzado por mercaderes y carros, y  el foro lleno de gente hablando y jugando a los dados.
-El viaje se está acabando Ester, pero espero que vuelvas a visitarme pronto al museo. Ojalá pueda enseñarte más villas romanas, estoy segura de que te encantarían.
        Asiento con la cabeza con una sonrisa.
-Muchas gracias a ti, Afrodita, y a quien me haya dado la oportunidad de haberte conocido- digo y esta me sonríe y se despide con la mano.
Otros toquecitos en el hombro me sacuden en el sitio.
-Venga Ester, que ya nos tenemos que ir-. Me dice mi compañera cogiéndome del brazo.
        Sonrío por lo experimentado y mientras subo las escaleras para salir del teatro. Echo un vistazo atrás pudiendo ver su organización mucho más clara. Cuando ya estoy en la planta alta le doy una última ojeada a Afrodita y la veo guiñándome un ojo. Me río para mí misma y veo a mi compañera mirándome extrañada.
-Nunca se lo contaré a nadie - pienso- ya que nadie se creería lo que acaba de pasar.




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